El Padre Nuestro explicado frase por frase
El Padre Nuestro explicado frase por frase: el texto bíblico de Mateo y Lucas, el significado de cada petición, deudas u ofensas, y cómo rezarlo despacio.
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En este artículo
El Padre Nuestro es la oración que Jesús mismo enseñó a sus discípulos. En pocas líneas contiene una relación (Dios es Padre), tres deseos para Dios (su nombre, su reino, su voluntad) y cuatro peticiones para nosotros (pan, perdón, protección en la prueba y liberación del mal). A continuación encontrarás el texto bíblico en Mateo y Lucas, la forma que se reza hoy en español, el significado de cada frase y una manera sencilla de rezarlo despacio para que no se vuelva rutina.
El Padre Nuestro en la Biblia
El Padre Nuestro aparece dos veces en los Evangelios, en dos contextos distintos.
En Mateo, forma parte del Sermón del Monte. Justo antes, Jesús advierte contra orar para ser vistos y contra la palabrería, «porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis» (Mateo 6:8). Entonces dice:
Vosotros pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal: porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén. — Mateo 6:9-13 (Reina-Valera 1909)
En Lucas, la oración nace de una petición: después de ver orar a Jesús, uno de sus discípulos le dice «Señor, enséñanos a orar» (Lucas 11:1). La versión es más breve:
Cuando orareis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos; sea tu nombre santificado. Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dános lo hoy. Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del malo. — Lucas 11:2-4 (Reina-Valera 1909)
(La Reina-Valera 1909, que citamos aquí, conserva formas de su época, como «dános lo».) Que existan dos versiones nos dice algo importante: Jesús no nos dio una fórmula mágica que hay que repetir con exactitud, sino un modelo de oración que la Iglesia ha rezado palabra por palabra y, a la vez, ha usado como escuela para aprender a orar.
La forma que rezamos hoy
En la liturgia católica de América Latina y en muchas familias, el Padre Nuestro se reza así:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Muchas iglesias evangélicas de habla hispana rezan una forma más cercana a la Reina-Valera, con «perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores» y con la doxología final. Las diferencias son de traducción, no de fe: es la misma oración.
Frase por frase: qué significa cada petición
«Padre nuestro, que estás en el cielo»
Todo comienza con una relación. Jesús no nos manda dirigirnos a un poder lejano, sino a un Padre. Pablo explica que el Espíritu nos permite clamar «Abba, Padre» (Romanos 8:15), una palabra aramea de confianza familiar.
Y dice nuestro, no mío. Incluso cuando lo rezas a solas, lo rezas en plural: con tu familia, con la Iglesia, con todos los hijos de Dios. «Que estás en el cielo» no indica distancia, sino grandeza: el Padre cercano es también el Dios santo, por encima de todo.
«Santificado sea tu Nombre»
No pedimos que Dios se vuelva santo, porque ya lo es. Pedimos que su nombre sea reconocido, honrado y tratado como santo: en el mundo, en nuestras palabras y en nuestra manera de vivir. Es la primera petición porque pone a Dios en el centro antes de hablar de nuestras necesidades.
«Venga a nosotros tu reino»
El reino de Dios es su reinado de justicia, paz y amor, que Jesús anunció y que se cumplirá plenamente al final de los tiempos. Pedir que venga es desearlo para el mundo y también abrirle la puerta en el propio corazón, en la familia y en el trabajo.
«Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo»
Es quizá la frase más difícil de decir con sinceridad. Jesús la vivió en Getsemaní, cuando aceptó la voluntad del Padre en la hora más dura. No es resignación pasiva: es confiar en que la voluntad de Dios es buena, y pedir que se cumpla aquí con la misma alegría con la que se cumple en el cielo.
«Danos hoy nuestro pan de cada día»
Aquí la oración pasa a nuestras necesidades. El pan representa todo lo necesario para vivir: alimento, trabajo, salud, techo. Se pide para hoy, como el maná del desierto, que se recogía día a día; no se trata de acumular, sino de confiar.
La palabra griega que se traduce como «cotidiano» o «de cada día» es muy rara y su sentido exacto se discute. San Jerónimo, en la Vulgata latina, la tradujo de dos maneras distintas: «cotidiano» en Lucas y «supersustancial» en Mateo. Por eso, desde antiguo, muchos cristianos (especialmente católicos y ortodoxos) han visto aquí también una referencia a la Eucaristía y a la Palabra de Dios como alimento del alma.
«Perdona nuestras ofensas»: ¿deudas u ofensas?
Mateo habla de deudas y Lucas de pecados. En el lenguaje de Jesús, el pecado se entendía como una deuda: algo que debemos y no podemos pagar. La forma litúrgica dice ofensas, que expresa la misma idea de forma más clara para el oído actual. Las tres palabras apuntan a lo mismo.
Lo sorprendente es la segunda parte: «como también nosotros perdonamos». Es la única petición que Jesús comenta justo después de enseñar la oración (Mateo 6:14-15), y en otra ocasión, cuando Pedro pregunta si basta con perdonar siete veces, responde: «No te digo hasta siete, mas aun hasta setenta veces siete» (Mateo 18:22). No significa que el perdón de Dios se compre con el nuestro, sino que un corazón que recibe misericordia no puede cerrarse a darla. Perdonar no es negar el daño ni obliga a volver a una relación peligrosa; es soltar el deseo de venganza y dejar la justicia en manos de Dios.
«No nos dejes caer en la tentación»
La Reina-Valera traduce literalmente «no nos metas en tentación». ¿Significa que Dios nos empuja a pecar? No. Santiago lo aclara:
Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de Dios: porque Dios no puede ser tentado de los malos, ni él tienta a alguno: — Santiago 1:13 (Reina-Valera 1909)
La palabra griega puede significar tanto «tentación» como «prueba». Por eso la forma litúrgica dice «no nos dejes caer en la tentación»: pedimos no sucumbir, no ser vencidos en la prueba. En otros idiomas, algunas conferencias episcopales católicas, como la francesa y la italiana, han revisado en años recientes su traducción de esta petición en ese mismo sentido. Pablo da una promesa que acompaña bien esta frase: «fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis llevar» (1 Corintios 10:13).
«Y líbranos del mal»
La expresión griega puede entenderse como «del mal» en general o como «del maligno», es decir, del diablo. La Reina-Valera 1909 refleja ambas posibilidades: «del mal» en Mateo y «del malo» en Lucas. Las dos lecturas son legítimas: pedimos ser librados de todo lo que nos destruye y del enemigo que está detrás.
«Porque tuyo es el reino…»: la doxología
En Mateo, la Reina-Valera termina con «porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén». Esta alabanza final se llama doxología. Conviene saber algunos datos:
- No aparece en los manuscritos más antiguos de Mateo ni en Lucas. Por eso muchas traducciones modernas la ponen en nota al pie, mientras que la Reina-Valera, basada en otro tipo de texto griego, la incluye.
- Es muy antigua: una forma breve ya se encuentra en la Didajé, un escrito cristiano de los primeros siglos, y recuerda la alabanza de David en 1 Crónicas 29:11 («Tuya es, oh Jehová, la magnificencia, y el poder, y la gloria»).
- Cada tradición la usa a su modo. Los evangélicos suelen rezarla como parte del Padre Nuestro. En la Misa católica no se dice inmediatamente: el sacerdote añade una breve oración (llamada embolismo) que comienza «Líbranos de todos los males, Señor», y luego el pueblo responde con la doxología. En la liturgia ortodoxa, el sacerdote la proclama al final del Padre Nuestro en forma trinitaria, nombrando al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Rezarla o no rezarla no cambia el sentido: es una manera de terminar la oración como empezó, con los ojos puestos en Dios.
| Elemento | Mateo 6 (RV 1909) | Lucas 11 (RV 1909) | Forma litúrgica |
|---|---|---|---|
| Invocación | Padre nuestro que estás en los cielos | Igual | Padre nuestro, que estás en el cielo |
| Pan | cotidiano | de cada día | de cada día |
| Perdón | deudas / deudores | pecados / los que nos deben | ofensas / los que nos ofenden |
| Tentación | no nos metas en tentación | Igual | no nos dejes caer en la tentación |
| Final | del mal + doxología | del malo | del mal (doxología aparte en la Misa) |
Cómo rezar el Padre Nuestro despacio
Al ser tan conocido, es fácil rezarlo en piloto automático. Estas ideas ayudan a recuperarlo:
- Una frase por respiración. Di una línea, haz una pausa, respira y pasa a la siguiente. Rezarlo así toma uno o dos minutos.
- Detente donde algo te toque. Si «hágase tu voluntad» te cuesta hoy, quédate ahí. No hace falta llegar al final con prisa.
- Personaliza cada petición. En «danos hoy nuestro pan», nombra lo que necesitas hoy; en «perdona nuestras ofensas», piensa en alguien concreto a quien perdonar.
- Úsalo como guion. Toma cada frase como tema y ora con tus propias palabras sobre ella: alabanza, el reino, la voluntad de Dios, tus necesidades, el perdón, la protección.
- Rézalo en momentos fijos, por ejemplo al despertar o antes de dormir. Si buscas un buen comienzo, mira nuestras oraciones de la mañana.
Para los católicos, el Padre Nuestro también abre cada decena del Rosario; si quieres saber cómo se integra, lee cómo rezar el Santo Rosario.
Preguntas frecuentes
¿Por qué hay dos versiones del Padre Nuestro?
Mateo y Lucas la recogen en contextos diferentes y con distinta extensión. Es probable que Jesús la enseñara en más de una ocasión. La Iglesia ha rezado tradicionalmente la forma de Mateo.
¿Se dice «deudas» u «ofensas»?
Las dos son correctas. «Deudas» sigue el texto de Mateo; «ofensas» es la forma litúrgica habitual en español. Usa la que se rece en tu comunidad.
¿Es correcto añadir «porque tuyo es el reino»?
Sí. Es una alabanza muy antigua y bíblica en su contenido. Muchos evangélicos la incluyen siempre; en la Misa católica se reza después del embolismo del sacerdote.
¿Puedo rezar el Padre Nuestro con mis propias palabras?
Sí. Jesús dijo «oraréis así», lo que también puede entenderse como «orad de esta manera». Puedes rezar el texto tradicional y, además, usarlo como modelo para tu oración personal.
Para seguir
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